En el número 238 de la revista "nexos" correspondiente a octubre de 1997, Luis González de Alba publicó el artículo "Para limpiar la memoria", en él explica cómo tras ser traducido al estilo "poniatosko", fue tergiversado y entreverado por Elena Poniatowska en su crónica "la noche de Tlatelolco".
En el artículo, González de Alba puntualiza detalladamente:
Es un listado de páginas que los historiadores deberán tomar con cuidado en La noche de Tlatelolco, pues citadas —ciertamente con mi autorización— de Los días y los años, fueron modificadas por Elena Poniatowska. A partir de esos cambios introducidos por Elena, ya no habla quien en mi narración hablaba o ya no habla como hablaba, o, casi siempre, ambas cosas: ni habla el que hablaba ni habla ya como hablaba. Los números sin paréntesis corresponden a páginas de La noche... donde hay material de Los días y los años, los números entre paréntesis correponden a páginas de este último libro donde se encuentra el párrafo original: 19 (20), 27 (158), 32 (59), 34 (61), 41 (46), 48 (98), 52 (106), 60 (119), 63 (120), 64 (117), 70 (125-126), 76 (122), 77 (134), 81(146), 85 (150), 101 (152), 102 (153), 105 (154), 152 (143-145), 153 (184), 174 (184), 175 (183), 180 (190-191), 183 (185-186-192), 194 (192), 195 (192), 211 (191) y 236 (203). En total, 28 párrafos con más de 500 líneas, extraídos de Los días y los años, y entreverados en La noche de Tlatelolco, de los cuales ninguno, ni uno solo de esos 28, está correctamente atribuido a la persona que dijo en la realidad real esas palabras, y, además, en casi todos está cambiado el lenguaje hacia un sentido más cercano al que Elena cree popular. Dos aspectos de una misma realidad virtual. Otros cuatro o cinco párrafos, citados también de Los días y los años, aparecen en La noche... sin cambios, por lo mismo no están enlistados arriba.
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La noche de Tlatelolco sigue requerimientos estéticos en la mezcla de voces, sin conceder mucha importancia a la fidelidad: no importa si A dijo las palabras citadas por Elena Poniatowska, importa que A acaba de tener ya una cita en la página anterior, por lo tanto suena mejor atribuir lo dicho a... (Elena baraja su memoria)... a M, que desde páginas atrás no aparece. ... Así ocurre con los relatos que, tomados por Elena de Los días y los años, se extienden en la sola voz del narrador de ese libro. Elena Poniatowska desea emplear mi narración porque hay más de 30 párrafos que le gustan para incluirlos en La noche de Tlatelolco, pero habría debido citar en más de 30 ocasiones a González de Alba, que es el narrador. Como eso se veía mal, Elena decide, con sabiduría estética, atribuir esos relatos a muchos de los estudiantes encarcelados, entre ellos al propio González de Alba, y así es como varias decenas de descripciones, que son voz del narrador en Los días y los años, acaban luego democráticamente repartidas, en el libro de Elena, entre Gilberto Guevara Niebla, Eduardo Valle (el Búho), Florencio López Osuna, Raúl Alvarez Garín, Ernesto Olvera, Félix Hernández Gamundi, una Elena González desconocida para mí y Salvador Martínez della Roca ... ... En una puesta en escena del texto, como poesía coral, por ejemplo, no importaría. Pero La noche de Tlatelolco es cada vez más una obra empleada en la investigación histórica del pasado reciente. ... ... Para los historiadores del futuro debe quedar claro que el dramatismo, la sonoridad, la música, en La noche de Tlatelolco, tienen prioridad sobre la verdad escueta.
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Hasta allí lo que encontramos es un recurso literario emotivo. Pero los cambios hechos por Elena Poniatowska a mi relato para incorporarlo al suyo, ¿son triviales? Algunos de ellos, quizá.
Cuando las tergiversaciones y entreveraciones no son triviales, y el lenguaje "poniatosko" altera los hechos reales.
De las páginas 152, 153 y 154 de Los días y los años, Elena Poniatowska toma la descripción de la detención de Luis Tomás Cervantes Cabeza de Vaca (págs.105 y 106 de La noche). De acuerdo con su técnica coral democrática me elimina como narrador, pues todavía no me toca turno, y atribuye el párrafo a Raúl Alvarez Garín..., con una gravísima denuncia. Yo afirmo en mi libro que solamente Ayax Segura conocía el domicilio de Cabeza de Vaca. Elena transcribe ese párrafo en La noche de Tlatelolco, pero añade, por mala lectura de mi texto, a Jorge Peña, con lo cual lo implica en la sospecha sin motivo alguno. Pero como no hablo yo, pues me ha vuelto a eliminar, ni habla ella porque no es sino la entrevistadora, sino Raúl Alvarez Garín porque ya le tocaba turno y hace varias páginas que no aparece, resulta ser éste quien implica a Jorge Peña en una sospecha grave: la de haber colaborado con Ayax Segura en la entrega de Cabeza de Vaca a la policía. Si alguien se lo echa en cara a Peña, tiene una fuente prestigiosa en la cual basarse: nada menos que La noche de Tlatelolco.
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En la página 205 de La noche de Tlatelolco, Elena Poniatowska vuelve a desbarrar. Describo lo que ocurría en la tribuna del mitin ese 2 de octubre en Los días y los años. Nadie me lo contó: yo estaba en la tribuna y allí fui detenido. Elena atribuye mi narración de los jaloneos que por obtener el micrófono se dan en todo mitin a Raúl Alvarez Garín. Dice "Raúl" como pudo haber dicho "Gilberto": al azar de la simpatía y de que no aparezcan referencias consecutivas. Pero elige ¡exactamente al único dirigente que no estuvo en la tribuna del mitin! La dirigencia se había dado la orden estricta de no acercarse a la Plaza de las Tres Culturas. Todos fuimos. Pero solamente Raúl cumplió a medias la orden y se quedó en la plaza. No pudo por tanto relatar que: "No era posible que hablaran todos, solamente se leían mensajes y cartas, telegramas y saludos y se anunciaban las nuevas organizaciones que se adherían al Movimiento."
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Otra descripción de lo ocurrido en el tercer piso del edificio Chihuahua, lugar clave para comprender el crimen, la confusión, la saña y la torpeza juntas, resume en la página 183 de La noche..., las páginas 185, 186 y 192 de Los días y los años. Una vez más, Elena decide que hace varias páginas no cita a Gamundi, así que cree oportuno hacerlo responsable de esa descripción, toda ella un relato personal de lo que me ocurrió y vi en los primeros minutos de esa masacre. No sería grave ni motivo de querella... Pero resulta que, como Raúl Álvarez, tampoco Gamundi estuvo allí. Se encontraba en el departamento de su novia que, por mala suerte, vivía en Tlatelolco y lo había invitado a comer. Mal tino el de Elena.
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Solución propuesta
Elena Poniatowska haría otro gran favor a la causa del 68 si recordara los 30 años, el año próximo, con una reedición, minuciosamente corregida e históricamente apegada a los hechos, de La noche de Tlatelolco. Así como está es ya fuente de confusión, aunque todavía podamos desenredar el enredo. Pero en 50 años, que se van volando, ya no estaremos los que podamos aclarar que M no estuvo donde dice Elena, que B no fue quien dijo tal cosa, que P no entregó a Z a la policía. Si nuestra historia es tal nudo de mentiras, pípilas, niños héroes, paraísos indígenas, malos y buenos, conquistas, derrotas y un panteón donde hemos acostado juntos a los enemigos acérrimos, es porque desde las fuentes mismas empezamos contando mentiras. Por el camino de Elena Poniatowska quizá el 2 de octubre no se olvida, pero se convierte en otra cosa.
El lunes 13 de octubre de 1997 Luis González de Alba publicó en su columna "la ciencia en la calle"; del periódico La Jornada, el artículo "Las fuentes de la historia / I". Este texto corresponde a la parte inicial del artículo "Para limpiar la memoria".
Lo publicado en "nexos" y "La Jornada", tuvo una réplica el día 16 de octubre de 1997, por parte de Raúl Álvarez Garín: "Aclaración necesaria".
La respuesta de González de Alba, a la réplica anterior, se publicó el día 17 de octubre de 1997: "A cada narrador sus palabras". En éste texto le subraya a Raúl Álvarez Garín la errónea lectura que hizo de "Para limpiar la memoria".
Ni en Nexos ni en La Jornada he reclamado a Elena Poniatowska por haber empleado en La noche de Tlatelolco párrafos de Los días y los años, pues yo mismo autoricé las citas que deseara tomar. Tampoco soy tan bobo como para objetar que nuestros libros tengan similitudes, dado que narran lo mismo. Le estoy solicitando a Elena que ponga en voces de quienes corresponde cada párrafo, para que así no aparezca Raúl Alvarez Garín como testigo de lo ocurrido en el tercer piso del edificio Chihuahua el 2 de octubre de 1968, pues no estuvo allí, o Gilberto Guevara haciendo llamados a "impulsar la organización de los obreros en gremios independientes" (sic), línea política que combatió, o yo mismo hablando con el Búho en un departamento del quinto piso del edificio ya dicho y a la vez tirado en el suelo del tercer piso, viendo disparar al Olimpia. Es todo lo que exijo a Elena y a la editorial ERA.
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Yendo al grano: no le reclamo a Elena que en su página 76 transcriba mi descripción del grito en CU (página 122 de mi relato), sino que siendo yo el narrador lo atribuya a Gilberto Guevara. Aquí van los dos párrafos:
- Los días y los años
A las once de la noche, cuando se terminaba en el Zócalo la ceremonia oficial, repetida en cada pueblo y en cada ranchería del país, se dio el "grito" de independencia en la Ciudad Universitaria y el Politécnico en medio de un júbilo desbordante... etcétera.
- La noche de Tlatelolco
A las once de la noche, cuando se terminaba en el Zócalo la ceremonia oficial, repetida en cada pueblo y en cada ranchería del país, dimos el "grito" de independencia en la CU y el Poli en medio de un júbilo desbordante... etcétera.
El primero lo relato yo, el segundo (según Elena) lo narra Gilberto Guevara. Es obvio que se trata de una transcripción de mi texto, transcripción que, repito y repito y repito, yo acepté, permití, autoricé. No es ése el problema, sino que Elena haya decidido cambiar en éste y otros 30 párrafos, al narrador, en ocasiones con repercusiones políticas graves, como las señalo en mi artículo y que no repetiré aquí.
No estoy acusando a Elena de plagio ni de fraude, pues me preguntó si acaso podía y le respondí que sí podía... Le estoy solicitando, única y exclusivamente, que atribuya a cada narrador sus palabras y no ponga en boca de Gilberto posiciones políticas que no sólo le eran ajenas, sino que las combatió abiertamente. ¿Hago mal?
Según palabras de González de Alba, la consecuencia a pocas horas de la publicación en "La Jornada" de "Las fuentes de la historia / I" fue:
"En noviembre [octubre] de 1997 fui despedido del diario La Jornada por publicar un artículo que el jefe de sección y el director editorial habían aprobado. Estuvo sobre el escritorio de la directora tres días antes, pero no lo leyó. Al mediodía del lunes en que apareció, recibí una llamada del jefe de sección, Javier Flores, quien me informó, con voz en la que se percibía resistencia, que por orden de Carmen Lira estaba fuera del periódico. Me reí y lo tranquilicé: no era posible, el artículo había sido previamente leído y aprobado, además yo era fundador y copropietario del diario.
Insistió en que era verdad: 'Monsiváis llamó a Carmen, furioso, a las ocho de la mañana, y le exigió: o Luis o yo; y te informo de la decisión tomada por la directora', fueron las palabras de Javier, quien poco después renunciaría a su puesto ante el aviso de que la sección, la de ciencia, sería cancelada indefinidamente mientras un equipo la reestructuraba. Todos sabíamos que la razón era falsa y se trataba, simplemente, de ocultar el hueco que dejaría mi sección, La ciencia en la calle."
Fuentes: 1.- "Al Director y los lectores"; 2.- Donde corrobora TODAS las palabras arriba reproducidas, es la entrevista televisiva transmitida el 23 de octubre de 2008: "La izquierda en México y el 68": 1/4, 2/4, 3/4, 4/4.
A causa de su despido La Jornada censuró la publicación de la continuación de su artículo, que debería ser: "Las fuentes de la historia / II"
Terminando de exponer los hechos. Once años después de su despido, Luis González de Alba repite:
Un video subido a YouTube me obliga a aclarar un asunto, espero que por última vez: No, no, yo no demandé a Elena Poniatowska por plagio ...
No hubo pues plagio. Pero no autoricé los cambios que hizo, algunos graves, como poner a relatar la llegada del Ejército a Tlatelolco al miembro del CNH que no la vio. Esa página la eliminó en la edición corregida. Las otras correcciones las hizo, todas, y su libro ganó mucho como fuente histórica confiable.
La reproducción del artículo completo, más buenas referencias electrónicas que lo complementan, se puede consultar en: "No, no acusé [a Elena Poniatowska] de plagio"
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